miércoles, 30 de noviembre de 2011

Fiesta del Beato Santiago Alberione

El día 26 de noviembre se celebró en la iglesia de San Pablo, Nazca 4249, el día del Beato Santiago Alberione, fundador de la Familia Paulina.

La Hna. Ana María Kiklling, Superiora Provincial de las Hijas de San Pablo, comenzó dando la bienvenida a todos los participantes, seguidamente la Hna. Teresa Groselj habló sobre la vida del Beato Alberione contada en iconos que ella misma realizó y que estuvieron expuestos al público.


 Se realizó la misa presidida por el P. Agustín Cortés García, Superior Provincial de los Paulinos, que resaltó la presencia carismática de nuestro fundador en la vida de nuestros institutos y congregaciones.



 También se destacó la labor realizada durante estos ochenta años de fundación, de Las Hijas de San Pablo, de Las Discípulas del Divino Maestro y de la Congregación de San Pablo, en la Argentina.

Para finalizar el encuentro se realizaron números musicales, actuó Carlos Seoane, la Hna. María de las Hijas de San Pablo y Juan Carlos Pisano quien realizó actos de magia. Después de compartir un ágape fraterno, cerró el evento el coro de la Familia Paulina.



 

domingo, 27 de noviembre de 2011

Testimonios - don Giovanni Roatta, ssp

HOMILIA DEL P. GIOVANNI ROATTA sobre el P. Santiago Alberione
30 de Noviembre de 1971 - Funerales solemnes (Cripta "Regina Apostolorum")
 
Después del reverente silencio y la oración de estos días, estamos aquí para darle nuestro último saludo al hermano en Cristo el P. Santiago Alberione, fundador de la Familia Paulina y padre espiritual de nuestras vidas.

Están aquí delante de nosotros sus restos mortales, que por casi 88 años llevaron su gran espíritu, incesantemente esperaba el encuentro con Dios y con los hombres, y que dentro de poco encontraran reposo en las bases de este templo construido por él como centro de su familia religiosa; aquí estamos nosotros, hijos e hijas de la vocación paulina que él nos ha dado y que queremos llevar a pleno cumplimiento  en la fidelidad a su espíritu; aquí están los dignos representantes de la Jerarquía de la Iglesia y del laicado, que se unen fraternalmente a nosotros en esta hora de sufrimiento y de oración; aquí en medio de todos, creemos firmemente, que está Jesucristo, el Maestro divino, Camino, Verdad y Vida, en el cual el P. Alberione ha incesantemente vivido y trabajado; está presente en su Palabra, que nos ilumina y nos conforta, en el misterio pascual de la muerte y de la vida, que en El celebramos, en nuestra íntima unión de hermanos, que en El nace y se cumple y que quizás hoy más que nunca ha sido por todos intensamente sentida.

viernes, 25 de noviembre de 2011

miércoles, 23 de noviembre de 2011

"Ecos de Alberione" - 9

Los últimos días del Primer Maestro y su tránsito al cielo

La primera grave crisis llegó hacia la una de la madrugada del jueves 25 de noviembre. En cierto momento pareció cercano el fin, tanto que por primera vez el Hno. Silvano de Blasio y la Hna. Judith creyeron deber avisar a su cabecera, primero al médico el Dr. Pier Francesco Bussetti, y en seguida después al padre Luigi Zanoni y sus directos colaboradores y los Superiores residentes en la casa de Roma (…). Hacia las 6,00 de la mañana el Primer Maestro susurró, en un lenguaje que ya era inteligible solamente al Hno., De Blasio y a la Hna. Judith: “¡Muero! ¡Paraíso!” y luego de una hora dijo: “Rezo por todos”.
En efecto rezaba y se notaba claramente por el movimiento de los labios y por su respuesta inmediata, cuando la Hna. Judith lo invitaba a recitar el “Ave María” y a besar el Crucifijo, el rosario y la estatuita de san José. Por su cuenta repetía débilmente: “¡Ave, María… Ave, María!” Fue durante uno de esos momentos de lucidez que el Primer Maestro dio su último adiós y la bendición a sus Hijos. Luego del “Ave, María” los que lo asistían le pidieron la bendición. Ayudado por el Hno. De Blasio levantó la mano y bendijo. Pero poco después, solo, espontáneamente, y con mucho esfuerzo alzó levemente el brazo y trazó una señal de la Cruz, buscando afanosamente decir algo que nadie ha podido comprender (…).
Una segunda crisis, que pareció cortar la increíble fuerza de un corazón, sobrevino en las primeras horas de la mañana del viernes 26. Se permaneció en oración por un par de horas en torno a él ya en coma, con la respiración siempre más débil y la caída de la presión hasta límites peligrosos (…).
Mientras tanto, del Vaticano se anunció la visita del Santo Padre Pablo VI, que llegó cerca de las 17,00 horas, media hora antes que el padre Alberione dejase este mundo.
La agonía del Primer Maestro estaba por llegar a su fin. Aun no pudiendo manifestarse con claridad, durante los últimos minutos pareció participar intensamente en la invocación por él muy querida: “¡Jesús, José, María expire en paz con vos el alma mía!
Y a las 18,26 entró al Paraíso, ciertamente recibido por María que él tanto amó hasta la última invocación y el último respiro.
(Cfr. Don Renato Perino, Gli ultimi giorni, in Don Giacomo Alberione apostolo del nostro tempo. Suplemento a Il Cooperatore Paolino, dicembre 1971, pp., 4-7).

“¡Muero! ¡Paraíso! y luego de una hora dijo: ‘Rezo por todos"'.
Este 26 de noviembre vamos a conmemorar un aniversario más del deceso de nuestro fundador (40 años) y quisiéramos recordarlo con alegría y optimismo, pero también con un mensaje especial. Por un lado, presentándoles un pequeño pasaje de los últimos días de su vida y también abriendo nuestro pensamiento cristiano sobre lo que significa la muerte, entendiéndola como el fin de una etapa, pero también como el inicio de una existencia nueva que aún no conocemos…
Sin lugar a dudas, la muerte viene a marcar en el hombre su término definitivo en esta vida terrena y su paso por la historia. Es imposible escapar a esa instancia y los más tozudos quisieran alargar el tiempo de manera que este no les llegue. Pero, tarde o temprano, a todos nos toca la hora de dejar este mundo para ir a otro que no hemos visto ni tampoco logramos imaginar cómo es.
Desde el punto de vista antropológico, vemos a la muerte como aquel evento, en el cual se produce como una separación entre el cuerpo y el alma. Con la muerte el principio espiritual del hombre asume una condición de existencia independiente de la corporeidad. Esto implica, sin embargo, vislumbrar una mirada más esperanzadora: con la muerte, el alma del hombre alcanza su estado definitivo, comenzando una supervivencia sin relación directa con el propio cuerpo histórico, pero orientada a su reunión con él. La muerte entendida en este sentido no es, por consiguiente, el fin del hombre entero, sino el comienzo de una condición nueva de existencia.
Nuestra cultura tiende a polarizar dos actitudes antagónicas de momento la primera que intenta negar ese instante y evade toda posibilidad de finitud. La otra, más racional, que busca reflexionar sobre ella esforzándose en descubrir “por qué” morimos y cómo pensar la vida después de la muerte.
Desde el ámbito creyente, la muerte nos lleva necesariamente a cavilar en Dios. La doctrina de la Iglesia nos enseña que la muerte es como el gran enigma del hombre, pero que a la luz de Cristo se pueden encontrar respuestas a tamaño misterio (GS-18). En la persona del Hijo −Cristo−, ha experimentado la muerte para luego resucitar y abrirnos el acceso a una vida nueva. Creemos en un Dios que ha resucitado, que vive y no está muerto (1 Cor 15, 14). Por lo tanto, nuestra opción es darnos la posibilidad de decir como nuestro Beato: “Muero” “Paraíso”; no para desesperar y creer que todo termina con la muerte, sino para alegrarnos que después de esta vida es posible seguir apostando por la “otra vida” al modo que Dios nos ha preparado: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo…” (Mt 25, 34).

Fredy Peña T., s.s.p.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Album de familia

2ª VISITA DEL P. ALBERIONE A LA ARGENTINA


Forma parte del 4º viaje del Primer Maestro por el mundo. Había partido de Roma el 21 de marzo de 1952, en compañía de M. Tecla Merlo, (Superiora General de las Hijas de San Pablo). La M. Lucía Ricci, Superiora General de las Pías Discípulas parte el día 22.
De Chile, donde estuvieron desde el día 16 de abril, pasan a Argentina donde llegan el 24 de abril. Permanecerán hasta el día 5 de mayo. Muchas fueron las actividades desarrolladas, con visitas a las diversas comunidades paulinas y hasta la comunidad de Córdoba.
Los que en ese tiempo teníamos apenas 14 años y veíamos por primera vez al Primer Maestro fue una experiencia inolvidable. No nos perdíamos detalles de su accionar cotidiano.
Máxime que contábamos con un paulino a carta cabal, Pablo Luchino, otrora −cronista de visita del Primer Maestro y maestro de los aspirantes−, manifestaba en los pequeños aspirantes, un incipiente amor por lo paulino que perduró en el tiempo. Una mañana la visita de la Primera Maestra Tecla nos sorprende a todos en el patio en ejercitaciones de educación física…


En sus recorridos por el apostolado, el Primer Maestro nota que por doquier se encuentran tarimas con pilas de pliegos impresos en espera de ser doblados y encuadernados. Por eso en una de las adoraciones eucarísticas nos hizo prometer que imprimiríamos un título por semana en nuestros talleres. Sabiendo que las tiradas normalmente de cada libro eran de 10.000 ejemplare y que se empleaban dos semanas para cada título, el promedio con las dos máquinas impresoras no era difícil de lograr.
La visita coincidió con la fiesta de la Reina de los Apóstoles que adquirió un festejo especial con la toma de hábito de tres aspirantes a Discípulos del Divino Maestro, que eran: Avelino Dening, Raúl Villaverde y un tercero cuyo nombre olvidé (podría ser Raúl Mansilla).
Por la tarde presidió, en los locales de la comunidad, a la entronización del Evangelio. Quería que en los principales lugares y más frecuentados, estuviera expuesta la Palabra de Dios, fuente de inspiración de toda obra apostólica paulina. Fue así que procesionalmente lo llevamos a la capilla, al locutorio y a los locales de apostolado. Era costumbre que en clase cada día se aprendiese de memoria un versículo en latín del Evangelio. Y al inicio de cada turno de apostolado (con esta palabra se identificaba la acción con el local) se leía un trozo del Evangelio y todos pasaban a besarlo.

En esta ocasión el Primer Maestro ocupó la habitación del segundo piso que da al jardín. Y había advertido a la comunidad: si por la noche sienten ruido y que bajo por las escaleras, no se asusten. Sucede cuando no logro dormir a causa de los dolores por la artrosis. Un detalle que se repetía en cuantas visitas presenciaba el P. José Zambelli: le cortaba el cabello al Primer Maestro, cosa a que accedía gustoso. Alguien conserva algunos de estos cabellos de 1952. En ese tiempo, no le gustaban las fotografías, y era una odisea lograr sacarle una a escondidas. Excepto las que se sacó en ceremonias y con la comunidad en pleno.

El historiador de Florida

martes, 8 de noviembre de 2011

El apostolado del impreso

El Servicio Parroquial de Librería


“La librería es un templo; el librero un predicador; los frutos que se buscan son la luz, la santidad, el gozo en Jesucristo y la vida cristiana. El mostrador es un púlpito de la verdad”.
Beato Santiago Alberione (1884 – 1971)
Fundador de la Familia Paulina


Los conceptos del padre Alberione, cuyo ideal era “evangelizar al hombre de hoy con los medios de hoy”, son aplicables también al modesto Servicio Parroquial de Librería.

- Este servicio no es un negocio; es un SERVICIO: Aunque tiene una necesaria connotación económica, la trasciende.

- Su objetivo, su razón de ser, no es “ser una fuente de ingresos”, sino suscitar, orientar y alimentar la vida espiritual de los fieles; vida que se estructura a través del Año Litúrgico, y también en las diversas devociones y ejercicios de piedad recomendados por la Iglesia. En rigor, su campo de acción abarca todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y digno de alabanza (Flp. 4,8).

- Este objetivo reclama también sostener y enriquecer la actividad de los diversos servidores de la comunidad y de los sacerdotes. Preocuparse por conseguir los materiales que se soliciten; dar a conocer las novedades bibliográficas no es una ayuda menor. Por el contrario, es un importante apoyo logístico que, en el común de los casos, es insustituible.

El Servicio parroquial de Librería es un “centro de difusión de donde salen rayos de luz y de gracia que iluminan y dan calor a las almas”. (P. Alberione). En efecto, allí se encuentra, aún en pequeña medida, la más variada riqueza espiritual representada en libros, folletos, revistas, publicaciones periódicas, tarjetas CD, DVD… que la iniciativa de las Editoriales ponen a disposición de los cristianos: desde la Biblia hasta un simple señalador con una frase estimulante. ¡Cuántos hermanos, en algún momento, necesitarán, precisamente, “esa frase”, ese mensaje!

La importancia de este Servicio resalta al pensar que la inmensa mayoría de los fieles, raramente se acercarán a una formal librería católica, que, obviamente, no abunda en todo pueblo o ciudad. Pero allí ae hace presente la parroquia, con su modesto Servicio de librería. Por modesto que sea, es imposible imaginar el bien que directa e indirectamente realiza.

El hermano que, frecuentemente, con verdadero sacrificio dedica “tiempo y esfuerzo” a este Servicio, ha de ver en cada artículo que ofrece, en cada consulta que recibe, en cada palabra y sonrisa que brinda… ¡una semilla! Semilla que el Señor hará crecer “cuando él quiera, donde él quiera y como él quiera”, porque El Reino de Dios es como un hombre que hecha la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa como (Mc. 4, 26-27). San Gregorio Magno, comentando esta parábola afirmó: el hombre arroja su semilla en la tierra cuando pone su corazón en un buen deseo. Y, hecho esto, debe apoyarse en Dios, descansando en la esperanza.

Si este servicio es apostolado; si es evangelización; si es testimonio, no puede faltar la oración porque separados de mí, nada pueden hacer, advirtió Jesús. (Jn. 15, 5). Como todo servidor, el “apóstol del impreso” ha de rezar por las “semillas” que el Señor, en su bondad, le concede sembrar. Por otra parte, ha de ser grande su capacidad de escucha, su paciencia, su simpatía. Con frecuencia el “apóstol del impreso” es el vehículo hacia una atención pastoral más específica.

El “apóstol del impreso” ha de vivir su servicio en el gozo y la alegría del Espíritu Santo. Jesús anunció alegría y gozo a sus seguidores: Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y este gozo sea perfecto (Jn. 15, 11) y más adelante hablará de una alegría que nadie les podrá quitar y de una alegría que será perfecta. (Jn. 16, 22. 24) ¿Bonitas palabras’ ¡NO! ¡Palabra del Señor!

Arnaldo Cifelli