jueves, 22 de diciembre de 2011

"Ecos de Alberione" - 10

“No teman. Yo estoy con ustedes desde aquí quiero iluminar. Vivan en continua conversión”.

Después de aquel sueño de 1923, Alberione creyó escuchar una respuesta de Jesús a sus inquietudes y sueños. Fue como si una voz hubiera querido señalarle el camino hacia los nuevos desafíos de su tiempo y de qué manera las horas dedicadas a la contemplación del sagrario iban a otorgar la mayor luz para el momento que vivía. Como no pudo callar lo que había experimentado ante tamaño signo divino −haya sido sueño o no−, lo compartió con su director espiritual, y este supo darle una orientación sabia y santa.

Tranquilízate; sea sueño o no, lo que dijo es santo; haz de ello como un programa práctico de vida y de luz para ti y para todos los miembros
(Abundantes Divitiae, n. 154).

Desde este episodio todo se orientó a partir del sagrario y de prolongados momentos ante su presencia. Es así como nuestro Beato interpretará cada expresión desde el no teman al vivan en continua conversión. El primer mensaje es para señalar que no hay nada en el mundo que nos pueda separar del amor de Cristo y que este amor siempre estará con nosotros. Sin embargo, solo el pecado y nuestra insistencia en él nos alejan de su amor.

“Yo estoy con ustedes” es decir con su Familia, que yo he querido, que es mía, que alimento… ¡No duden! Aun cuando sean muchas las dificultades; ¡pero que yo pueda estar siempre con ustedes! ¡Nada de pecados!
(Abundantes Divitiae, n. 156).

Cristo fue para el Primer Maestro la luz que ilumina hasta los rincones más profundos de nuestra existencia pero también los momentos de la historia que se fraguan en medio de las dificultades y vicisitudes. Así el desde aquí y el quiero iluminar se constituyeron en una constante invitación a tomar todo del Señor y de ningún otro lugar.

“Desde aquí quiero iluminar”. Esto es, yo soy su luz y me serviré de ustedes para iluminar; les doy esta misión y quiero que la cumplan…Maestro divino presente en el sagrario; que ésta es su voluntad; que la entonces amenazada Familia irradiaría gran luz.
(Abundantes Divitiae, n. 157).

Por último, cuando Alberione alude a la imperiosa necesidad de tener dolor por nuestras faltas, no deja de expresar la enorme humildad que debemos de sentir cuando no asumimos nuestra fragilidad humana y también para que en nosotros no se pierda esa capacidad de alabar a Dios, aún con lo débiles que somos. Es un llamado a una continua conversión y a vivir en una auténtica fidelidad cristiana, sin menoscabarnos o minimizarnos por nuestros pecados.

“El dolor de los pecados” significa un reconocimiento habitual de nuestros pecados, de los defectos e insuficiencias: Distinguir en nuestra vocación lo que es de Dios de lo que es nuestro… de aquí nació la oración de la fe, el “Pacto o secreto del éxito”
(Abundantes Divitiae, n. 158).

Fredy Peña Tobar, s.s.p.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Album de familia

3ª Visita del P. Alberione a la Argentina

Se realizó en el marco de un viaje que comenzó el 19 de julio de 1953 pasando por Estados Unidos, Canadá, México, Cuba, Colombia, Chile, Argentina y finaliza en Brasil el 3 de setiembre.
El jueves 13 de agosto de 1953 celebra la Misa a las 4,15 en Bogotá y se dirige al aeropuerto para tomar el avión que lo llevará con las dos Superioras Generales (M. Tecla y M. Lucia) a Santiago de Chile.



El lunes 17 de agosto, a las 15,40 parte desde Santiago para la Argentina. “En un dado momento se superan los diez mil metros de altura, entre un encanto de picos altísimos cubiertos de nieve y espantosos precipicios. Luego de 40 minutos la famosa cordillera de los Andes deja lugar a las vastas llanuras de la Argentina”. Como siempre, el Primer Maestro está absorto en otros pensamientos: recita el Breviario, el Rosario y luego escribe.

En menos de tres horas y precisamente a las 18,30 llegan a Buenos Aires. En el aeropuerto encuentran una numerosa representación de las tres Congregaciones (Pía Sociedad de San Pablo, Hijas de San Pablo y Pías Discípulas del Divino Maestro) que con algunos coches llevan a sus respetivos superiores Generales para conducirlos a los propios lugares.

18 de agosto. El Primer Maestro celebra en la capilla de la Sociedad de San Pablo de Florida. Hace la meditación y se entretiene con los nuestros. Luego, durante el día, visita la casa de las Hijas de San Pablo y de las Pías Discípulas que están poco distantes en el centro de la capital argentina.

20 de agosto, fiesta de san Bernardo, nos recuerda el aniversario de la fundación de la Pía Sociedad de San Pablo, que aconteció hace 37 años en Alba (Cuneo). También en la casa de Florida (Buenos Aires) se hace fiesta, no sólo por los motivos arriba mencionados, sino por la celebración de la Misa y la meditación del Fundador. Rara ocasión, cuya presencia es de gran alegría y consuelo para sus hijos que no se contentan sólo de verlo y escucharlo desde sus propios lugares; cada uno busca acercársele individualmente para un consejo o una bendición.

21 de agosto. Por la tarde, el Primer Maestro celebra el rito de la Toma de hábito religioso de diez Postulantes de las Pías Discípulas. En el breve sermón, ilustra particularmente los tres apostolados confiados a la Pías Discípulas, incluidos en las palabras: Eucaristía, Sacerdocio y Liturgia.
Está presente al rito también Mons. Carlos Copello, sobrino y secretario privado del Cardenal Santiago Luis Copello, arzobispo de Buenos Aires. Por la tarde, el Primer Maestro les dice a las Hermanas: “¡Recen, recen, porque hay necesidad de muchas gracias!”

22 de agosto. Partida hacia Brasil. El viaje hacia Puerto Alegre aunque breve (¡sólo dos horas!) ha estado dificilísimo: una continua molestia y peligro a causa de un furioso temporal: no bastaba con abrocharse bien el cinturón, sino que era necesario tomarse de los asientos para estar en equilibrio. Cuenta la cronista que el avión que llegó después estaba en un estado calamitoso: el piloto tenía las manos ensangrentadas por el esfuerzo de las maniobras. El temporal continuó, aun después que el Primer Maestro y la Primera Maestra (Tecla) salieron del aeropuerto para ir a la casa de las Hijas de San Pablo.


Este viaje tiene una importancia muy decisiva para el apostolado paulino de lengua castellana. Durante la visita a los paulinos de Santiago de Chile, en una de las conferencias el P. Benito Spoletini, con otros hermanos, le hicieron presente la necesidad de coordinar las fuerzas para las ediciones de libros en lengua española (¡una veintena de casas con las Hijas de San Pablo!).
Leemos en la historia del CIDEP: “El P. Alberione realizó hace 50 años un importante viaje apostólico en el que visitó la mayoría de las Casas paulinas de Iberoamérica. Al término de su gira escribió, en el avión en el que regresaba de Brasil a Roma, una carta-circular exhortando a la coordinación y cooperación editorial entre las Casas de Iberoamérica. La carta-circular está fechada en Roma el 4 de setiembre de 1953 y fue enviada a todas las comunidades paulinas de Argentina, Brasil, España y Portugal…

“…Desde su primer viaje internacional, en 1946, hasta la redacción de la antedicha carta-circular, en 1953, el P. Alberione ya había tenido ocasión de visitar cuatro veces España; tres veces Argentina, Brasil, México y Portugal; dos veces Colombia, Chile y Venezuela; y una vez Cuba. El fuerte llamado del P. Alberione a la coordinación y a la cooperación apostólica, que sería una constante en sus escritos y exhortaciones posteriores, no era nada improvisado. “Desde hace tiempo se desea una coordinación en la selección y una cooperación en la propaganda… La cosa, en teoría, es muy buena; pero encuentra notables y variadas dificultades en la práctica. He escuchado a todos y parece que se pueda alcanzar el éxito, si por ahora se reduce todo a un plan mínimo a la espera de poder hacer algo más y mejor” (Roma, 4 de setiembre de 1953).

El historiador de Florida

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Fiesta del Beato Santiago Alberione

El día 26 de noviembre se celebró en la iglesia de San Pablo, Nazca 4249, el día del Beato Santiago Alberione, fundador de la Familia Paulina.

La Hna. Ana María Kiklling, Superiora Provincial de las Hijas de San Pablo, comenzó dando la bienvenida a todos los participantes, seguidamente la Hna. Teresa Groselj habló sobre la vida del Beato Alberione contada en iconos que ella misma realizó y que estuvieron expuestos al público.


 Se realizó la misa presidida por el P. Agustín Cortés García, Superior Provincial de los Paulinos, que resaltó la presencia carismática de nuestro fundador en la vida de nuestros institutos y congregaciones.



 También se destacó la labor realizada durante estos ochenta años de fundación, de Las Hijas de San Pablo, de Las Discípulas del Divino Maestro y de la Congregación de San Pablo, en la Argentina.

Para finalizar el encuentro se realizaron números musicales, actuó Carlos Seoane, la Hna. María de las Hijas de San Pablo y Juan Carlos Pisano quien realizó actos de magia. Después de compartir un ágape fraterno, cerró el evento el coro de la Familia Paulina.



 

domingo, 27 de noviembre de 2011

Testimonios - don Giovanni Roatta, ssp

HOMILIA DEL P. GIOVANNI ROATTA sobre el P. Santiago Alberione
30 de Noviembre de 1971 - Funerales solemnes (Cripta "Regina Apostolorum")
 
Después del reverente silencio y la oración de estos días, estamos aquí para darle nuestro último saludo al hermano en Cristo el P. Santiago Alberione, fundador de la Familia Paulina y padre espiritual de nuestras vidas.

Están aquí delante de nosotros sus restos mortales, que por casi 88 años llevaron su gran espíritu, incesantemente esperaba el encuentro con Dios y con los hombres, y que dentro de poco encontraran reposo en las bases de este templo construido por él como centro de su familia religiosa; aquí estamos nosotros, hijos e hijas de la vocación paulina que él nos ha dado y que queremos llevar a pleno cumplimiento  en la fidelidad a su espíritu; aquí están los dignos representantes de la Jerarquía de la Iglesia y del laicado, que se unen fraternalmente a nosotros en esta hora de sufrimiento y de oración; aquí en medio de todos, creemos firmemente, que está Jesucristo, el Maestro divino, Camino, Verdad y Vida, en el cual el P. Alberione ha incesantemente vivido y trabajado; está presente en su Palabra, que nos ilumina y nos conforta, en el misterio pascual de la muerte y de la vida, que en El celebramos, en nuestra íntima unión de hermanos, que en El nace y se cumple y que quizás hoy más que nunca ha sido por todos intensamente sentida.

viernes, 25 de noviembre de 2011

miércoles, 23 de noviembre de 2011

"Ecos de Alberione" - 9

Los últimos días del Primer Maestro y su tránsito al cielo

La primera grave crisis llegó hacia la una de la madrugada del jueves 25 de noviembre. En cierto momento pareció cercano el fin, tanto que por primera vez el Hno. Silvano de Blasio y la Hna. Judith creyeron deber avisar a su cabecera, primero al médico el Dr. Pier Francesco Bussetti, y en seguida después al padre Luigi Zanoni y sus directos colaboradores y los Superiores residentes en la casa de Roma (…). Hacia las 6,00 de la mañana el Primer Maestro susurró, en un lenguaje que ya era inteligible solamente al Hno., De Blasio y a la Hna. Judith: “¡Muero! ¡Paraíso!” y luego de una hora dijo: “Rezo por todos”.
En efecto rezaba y se notaba claramente por el movimiento de los labios y por su respuesta inmediata, cuando la Hna. Judith lo invitaba a recitar el “Ave María” y a besar el Crucifijo, el rosario y la estatuita de san José. Por su cuenta repetía débilmente: “¡Ave, María… Ave, María!” Fue durante uno de esos momentos de lucidez que el Primer Maestro dio su último adiós y la bendición a sus Hijos. Luego del “Ave, María” los que lo asistían le pidieron la bendición. Ayudado por el Hno. De Blasio levantó la mano y bendijo. Pero poco después, solo, espontáneamente, y con mucho esfuerzo alzó levemente el brazo y trazó una señal de la Cruz, buscando afanosamente decir algo que nadie ha podido comprender (…).
Una segunda crisis, que pareció cortar la increíble fuerza de un corazón, sobrevino en las primeras horas de la mañana del viernes 26. Se permaneció en oración por un par de horas en torno a él ya en coma, con la respiración siempre más débil y la caída de la presión hasta límites peligrosos (…).
Mientras tanto, del Vaticano se anunció la visita del Santo Padre Pablo VI, que llegó cerca de las 17,00 horas, media hora antes que el padre Alberione dejase este mundo.
La agonía del Primer Maestro estaba por llegar a su fin. Aun no pudiendo manifestarse con claridad, durante los últimos minutos pareció participar intensamente en la invocación por él muy querida: “¡Jesús, José, María expire en paz con vos el alma mía!
Y a las 18,26 entró al Paraíso, ciertamente recibido por María que él tanto amó hasta la última invocación y el último respiro.
(Cfr. Don Renato Perino, Gli ultimi giorni, in Don Giacomo Alberione apostolo del nostro tempo. Suplemento a Il Cooperatore Paolino, dicembre 1971, pp., 4-7).

“¡Muero! ¡Paraíso! y luego de una hora dijo: ‘Rezo por todos"'.
Este 26 de noviembre vamos a conmemorar un aniversario más del deceso de nuestro fundador (40 años) y quisiéramos recordarlo con alegría y optimismo, pero también con un mensaje especial. Por un lado, presentándoles un pequeño pasaje de los últimos días de su vida y también abriendo nuestro pensamiento cristiano sobre lo que significa la muerte, entendiéndola como el fin de una etapa, pero también como el inicio de una existencia nueva que aún no conocemos…
Sin lugar a dudas, la muerte viene a marcar en el hombre su término definitivo en esta vida terrena y su paso por la historia. Es imposible escapar a esa instancia y los más tozudos quisieran alargar el tiempo de manera que este no les llegue. Pero, tarde o temprano, a todos nos toca la hora de dejar este mundo para ir a otro que no hemos visto ni tampoco logramos imaginar cómo es.
Desde el punto de vista antropológico, vemos a la muerte como aquel evento, en el cual se produce como una separación entre el cuerpo y el alma. Con la muerte el principio espiritual del hombre asume una condición de existencia independiente de la corporeidad. Esto implica, sin embargo, vislumbrar una mirada más esperanzadora: con la muerte, el alma del hombre alcanza su estado definitivo, comenzando una supervivencia sin relación directa con el propio cuerpo histórico, pero orientada a su reunión con él. La muerte entendida en este sentido no es, por consiguiente, el fin del hombre entero, sino el comienzo de una condición nueva de existencia.
Nuestra cultura tiende a polarizar dos actitudes antagónicas de momento la primera que intenta negar ese instante y evade toda posibilidad de finitud. La otra, más racional, que busca reflexionar sobre ella esforzándose en descubrir “por qué” morimos y cómo pensar la vida después de la muerte.
Desde el ámbito creyente, la muerte nos lleva necesariamente a cavilar en Dios. La doctrina de la Iglesia nos enseña que la muerte es como el gran enigma del hombre, pero que a la luz de Cristo se pueden encontrar respuestas a tamaño misterio (GS-18). En la persona del Hijo −Cristo−, ha experimentado la muerte para luego resucitar y abrirnos el acceso a una vida nueva. Creemos en un Dios que ha resucitado, que vive y no está muerto (1 Cor 15, 14). Por lo tanto, nuestra opción es darnos la posibilidad de decir como nuestro Beato: “Muero” “Paraíso”; no para desesperar y creer que todo termina con la muerte, sino para alegrarnos que después de esta vida es posible seguir apostando por la “otra vida” al modo que Dios nos ha preparado: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo…” (Mt 25, 34).

Fredy Peña T., s.s.p.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Album de familia

2ª VISITA DEL P. ALBERIONE A LA ARGENTINA


Forma parte del 4º viaje del Primer Maestro por el mundo. Había partido de Roma el 21 de marzo de 1952, en compañía de M. Tecla Merlo, (Superiora General de las Hijas de San Pablo). La M. Lucía Ricci, Superiora General de las Pías Discípulas parte el día 22.
De Chile, donde estuvieron desde el día 16 de abril, pasan a Argentina donde llegan el 24 de abril. Permanecerán hasta el día 5 de mayo. Muchas fueron las actividades desarrolladas, con visitas a las diversas comunidades paulinas y hasta la comunidad de Córdoba.
Los que en ese tiempo teníamos apenas 14 años y veíamos por primera vez al Primer Maestro fue una experiencia inolvidable. No nos perdíamos detalles de su accionar cotidiano.
Máxime que contábamos con un paulino a carta cabal, Pablo Luchino, otrora −cronista de visita del Primer Maestro y maestro de los aspirantes−, manifestaba en los pequeños aspirantes, un incipiente amor por lo paulino que perduró en el tiempo. Una mañana la visita de la Primera Maestra Tecla nos sorprende a todos en el patio en ejercitaciones de educación física…


En sus recorridos por el apostolado, el Primer Maestro nota que por doquier se encuentran tarimas con pilas de pliegos impresos en espera de ser doblados y encuadernados. Por eso en una de las adoraciones eucarísticas nos hizo prometer que imprimiríamos un título por semana en nuestros talleres. Sabiendo que las tiradas normalmente de cada libro eran de 10.000 ejemplare y que se empleaban dos semanas para cada título, el promedio con las dos máquinas impresoras no era difícil de lograr.
La visita coincidió con la fiesta de la Reina de los Apóstoles que adquirió un festejo especial con la toma de hábito de tres aspirantes a Discípulos del Divino Maestro, que eran: Avelino Dening, Raúl Villaverde y un tercero cuyo nombre olvidé (podría ser Raúl Mansilla).
Por la tarde presidió, en los locales de la comunidad, a la entronización del Evangelio. Quería que en los principales lugares y más frecuentados, estuviera expuesta la Palabra de Dios, fuente de inspiración de toda obra apostólica paulina. Fue así que procesionalmente lo llevamos a la capilla, al locutorio y a los locales de apostolado. Era costumbre que en clase cada día se aprendiese de memoria un versículo en latín del Evangelio. Y al inicio de cada turno de apostolado (con esta palabra se identificaba la acción con el local) se leía un trozo del Evangelio y todos pasaban a besarlo.

En esta ocasión el Primer Maestro ocupó la habitación del segundo piso que da al jardín. Y había advertido a la comunidad: si por la noche sienten ruido y que bajo por las escaleras, no se asusten. Sucede cuando no logro dormir a causa de los dolores por la artrosis. Un detalle que se repetía en cuantas visitas presenciaba el P. José Zambelli: le cortaba el cabello al Primer Maestro, cosa a que accedía gustoso. Alguien conserva algunos de estos cabellos de 1952. En ese tiempo, no le gustaban las fotografías, y era una odisea lograr sacarle una a escondidas. Excepto las que se sacó en ceremonias y con la comunidad en pleno.

El historiador de Florida

martes, 8 de noviembre de 2011

El apostolado del impreso

El Servicio Parroquial de Librería


“La librería es un templo; el librero un predicador; los frutos que se buscan son la luz, la santidad, el gozo en Jesucristo y la vida cristiana. El mostrador es un púlpito de la verdad”.
Beato Santiago Alberione (1884 – 1971)
Fundador de la Familia Paulina


Los conceptos del padre Alberione, cuyo ideal era “evangelizar al hombre de hoy con los medios de hoy”, son aplicables también al modesto Servicio Parroquial de Librería.

- Este servicio no es un negocio; es un SERVICIO: Aunque tiene una necesaria connotación económica, la trasciende.

- Su objetivo, su razón de ser, no es “ser una fuente de ingresos”, sino suscitar, orientar y alimentar la vida espiritual de los fieles; vida que se estructura a través del Año Litúrgico, y también en las diversas devociones y ejercicios de piedad recomendados por la Iglesia. En rigor, su campo de acción abarca todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y digno de alabanza (Flp. 4,8).

- Este objetivo reclama también sostener y enriquecer la actividad de los diversos servidores de la comunidad y de los sacerdotes. Preocuparse por conseguir los materiales que se soliciten; dar a conocer las novedades bibliográficas no es una ayuda menor. Por el contrario, es un importante apoyo logístico que, en el común de los casos, es insustituible.

El Servicio parroquial de Librería es un “centro de difusión de donde salen rayos de luz y de gracia que iluminan y dan calor a las almas”. (P. Alberione). En efecto, allí se encuentra, aún en pequeña medida, la más variada riqueza espiritual representada en libros, folletos, revistas, publicaciones periódicas, tarjetas CD, DVD… que la iniciativa de las Editoriales ponen a disposición de los cristianos: desde la Biblia hasta un simple señalador con una frase estimulante. ¡Cuántos hermanos, en algún momento, necesitarán, precisamente, “esa frase”, ese mensaje!

La importancia de este Servicio resalta al pensar que la inmensa mayoría de los fieles, raramente se acercarán a una formal librería católica, que, obviamente, no abunda en todo pueblo o ciudad. Pero allí ae hace presente la parroquia, con su modesto Servicio de librería. Por modesto que sea, es imposible imaginar el bien que directa e indirectamente realiza.

El hermano que, frecuentemente, con verdadero sacrificio dedica “tiempo y esfuerzo” a este Servicio, ha de ver en cada artículo que ofrece, en cada consulta que recibe, en cada palabra y sonrisa que brinda… ¡una semilla! Semilla que el Señor hará crecer “cuando él quiera, donde él quiera y como él quiera”, porque El Reino de Dios es como un hombre que hecha la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa como (Mc. 4, 26-27). San Gregorio Magno, comentando esta parábola afirmó: el hombre arroja su semilla en la tierra cuando pone su corazón en un buen deseo. Y, hecho esto, debe apoyarse en Dios, descansando en la esperanza.

Si este servicio es apostolado; si es evangelización; si es testimonio, no puede faltar la oración porque separados de mí, nada pueden hacer, advirtió Jesús. (Jn. 15, 5). Como todo servidor, el “apóstol del impreso” ha de rezar por las “semillas” que el Señor, en su bondad, le concede sembrar. Por otra parte, ha de ser grande su capacidad de escucha, su paciencia, su simpatía. Con frecuencia el “apóstol del impreso” es el vehículo hacia una atención pastoral más específica.

El “apóstol del impreso” ha de vivir su servicio en el gozo y la alegría del Espíritu Santo. Jesús anunció alegría y gozo a sus seguidores: Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y este gozo sea perfecto (Jn. 15, 11) y más adelante hablará de una alegría que nadie les podrá quitar y de una alegría que será perfecta. (Jn. 16, 22. 24) ¿Bonitas palabras’ ¡NO! ¡Palabra del Señor!

Arnaldo Cifelli

domingo, 30 de octubre de 2011

Frases

"Ecos de Alberione" - 8

“Examinen las Escrituras, ellas dan testimonio de mí...sin embargo, ustedes no quieren venir a mí…”


“Una luz más clara” dice el texto de Abundantes Divitiae sobre aquella inspiración que tuvo P. Alberione de difundir el Evangelio y hacer de esta tarea algo propio de la misión Paulina. Antes de plasmar esta idea, se dieron otras en las cuales desplegó su creatividad y necesidad de llevar la palabra de Dios a todos. Así lo confirman sus jornadas dominicales de la Biblia, que seguramente ayudaron y reavivaron la vida de la Iglesia. Recordemos, que por aquella época muy pocas personas leían el Evangelio y por otra parte, se frecuentaba poco la Comunión. Existía la idea de que no se podía llevar al pueblo la palabra de Dios, y muchos menos la Biblia.

“En agosto de 1907 organizó tres jornadas dominicales de la Biblia, explicándola en forma catequística y con aplicaciones catequísticas… La lectura del Evangelio era casi exclusiva de los no católicos, quienes lo interpretaban según el criterio de cada uno”(Abundantes Divitiae, n. 138-139).

Para que el Evangelio fuese difundido en esos tiempos y de acuerdo al contexto en que vivió nuestro Beato, se necesitaron tres elementos básicos a considerar: llegar a todas las familias y en lo posible con el catecismo; que el Evangelio se constituyera en paradigma e inspiración de todas las publicaciones católicas; y por último, culto al Evangelio, en el sentido de darle su espacio, respeto y acogida para una mejor comprensión de su mensaje.

“Que el Evangelio penetrase en todas las familias, juntamente con el catecismo… Que el libro del Evangelio fuese modelo e inspirador de todas las ediciones católicas… y que se diese culto al evangelio, es preciso tratarlo con veneración…” (Abundantes Divitiae, n. 141-142-143).

Fueron estas notas inspiradoras que le permitieron pensar un Evangelio interpretado según el sentir de la Iglesia y explicado a la luz de la fe, el culto y la moral. Nace de esta forma la edición de un evangelio con notas catequísticas, que le permitieron animar sus homilías en la Catedral de Alba todos los domingos.

“Los hombres ya no acudían a las Vísperas dominicales, así que era necesario explicar el Evangelio en las misas, todos los domingos; y así lo hacía él apenas fue sacerdote. Costumbre que después se extendió a muchas parroquias” (Abundantes Divitiae, n. 140).

P. Alberione tomó conciencia de lo que significó estudiar la palabra de Dios, y por medio de ella, conocer a la persona de Jesús. San Juan nos señala que al leer las Sagradas Escrituras estamos en camino al conocimiento de Cristo (cf. Jn 5, 39) y así lo entendió el primer Maestro. La predicación del Cristo Resucitado es producto de una experiencia de Dios permanente y en sintonía con su Palabra. Desde una fe razonada y encarnada nos adentramos en el misterio de Cristo, pero es preciso concientizarlo no sólo en la mente sino en el corazón, allí donde anidan las intenciones más sublimes del hombre pero también las más viles.

“Que se diese culto al Evangelio; es preciso tratarlo con veneración. La predicación debe referirse y amoldarse bastante más a él: sobre todo, vivirlo en la mente, en el corazón y en las obras” (Abundantes Divitiae, n. 142).

Fredy Peña Tobar, s.s.p.

domingo, 16 de octubre de 2011

Album de familia

Primera visita del P. Alberione a la Argentina
(Segunda parte)



La comunidad con los aspirantes.
Sentados: Ramón Zambelli, P. Anselmo Vico, P. Juan Bartolamasi, P. Tito Arman, Primer Maestro, P. Angel Cosan, P. Roberto Mozzachiodi, Rafael Ferrari, José Zambelli, Cayo Leonino.
Parados: Pablo Luchino y Justino Zugna.
El tercero de los tres en alto, Francisco Bianco.
 
Recuerdo los argumentos que nos hizo: el primero de marzo, lunes: “Tener siempre como mira el Tabernáculo. Es necesario hacerse santos; por tanto, trabajar, no perder tiempo; no dejarse tomar jamás por el desaliento; por el contrario, estar alegres y alimentarse bien”. Ha insistido sobre nuestras devociones: Jesús Divino Maestro, la Reina de los Apóstoles, S, Pablo Apóstol. El 13 de marzo hablándonos de la necesidad de la devoción a san José, nos explicó cómo ese santo protegió nuestras casas durante la guerra y nos invitó a rezarlo también por las necesidades de las casas de la China, Japón, Polonia, Portugal, India y de rezarle también por los sacerdotes que estaban de ejercicios espirituales con él en esos días y por las Pías Discípulas que están al servicio de nuestras casas, El sábado 16 de marzo, nos habló en modo particular de la Virgen: María preparó a Jesús-Hostia y Sacerdote en su virginal seno. Lo mostró al mundo y lo restituyó al Padre Celestial. María es la madre especial de las almas consagradas, y concluyó: rezar a María, conocer a María, imitar a María”.

El 19 de marzo, fiesta de san José, día de su onomástico, fue un día memorable. Por la mañana, por parte de las comunidades reunidas (Florida y Córdoba) se cantó una hermosa Misa. Y la tarde se cerró con una academia músico-literaria en el comedor invadido por muchas moscas molestas; pero a todo esto el Primer Maestro no le dio importancia. Se fijó más bien en nuestra alegría con él, y cuando entre los muchos discursos que hicimos en varias lenguas llegamos al piamontés, entonces se puso a reír de corazón con nosotros y se congratuló por esas cuatro frases poco ortodoxas que dijimos en la lengua de la región donde nació nuestra Congregación.

El 23, sábado por la tarde, nos predicó a nosotros clérigos el retiro y lo terminó al día siguiente, domingo, tratando el tena de los novísimos: muerte, juicio, infierno y paraíso. Y sobre la voluntad: buena, mala, tibia y falta de voluntad.

El 25 de marzo, fiesta de la Anunciación de María, el Primer Maestro celebró la Santa Misa en la capillita de las Pías Discípulas de Florida (Buenos Aires), escuchó la fórmula de la profesión perpetua que recitó la Hna. María Gemma Viberti, PD, e hizo el fervorín para la ocasión. Estaban presentes Hna. M. Tomasina Pica y Hna. M. Paula Anselmo de las Pías Discípulas y Hna. Tecla Merlo de las Hijas de San Pablo y las primeras Aspirantes y Postulantes argentinas. Al final de la ceremonia, que se desarrolló en el ámbito de la intimidad y de la alegría espiritual la Primera Maestra Tecla regaló a la festejada una fotografía del Primer Maestro a lo que la Hna. María Gemma aprovechó para pedir tímidamente al Primer Maestro un autógrafo con la bendición. El Primer Maestro que raramente en ese tiempo concedía semejantes favores, la mirò y le dijo: “Te la escribo porque hoy para ti es una gran fiesta, la que te recuerda de estar consagrada totalmente y en perpetuo a Dios”.

El 29 de marzo, luego de haber visitado la Argentina, el Primer Maestro tomó el vuelo nuevamente para el Brasil.

 El historiador de Florida

sábado, 8 de octubre de 2011

"Ecos de Alberione" - 7

“Si la Familia trabaja, ¿no refleja la vida de Cristo en un aspecto esencial?...”


Una gran virtud de P. Alberione fue su gran tenacidad y fuerza de trabajo para llevar a cabo todo tipo de tareas. Tuvo un hábito disciplinado al trabajo que lo aprendió desde niño junto a su familia. Como todo buen trabajador del campo, a fuerza de sacrificio y temple, supo sobrellevar la rigurosidad de la vida campestre, con sus avatares y sinsabores. Pero, no sólo manifestó en este rubro su osadía y fortaleza hacia el trabajo, sino que aún en sus tiempos libres encontró la forma de hacer cosas que lo edificaron y curtieron su carácter y personalidad.

“él da gracias al Señor por ser de familia profundamente cristiana, campesina, muy trabajadora; bajo este aspecto era proverbial entre sus conocidos y vecinos… Durante sus tiempos de seminarista y especialmente después, meditó el gran misterio de la vida laboriosa de Jesús de Nazareth ¡Un Dios que redime al mundo con ideas domésticas y con un duro trabajo hasta la edad de treinta años!” (Abundantes Divitiae, n. 124 y 126).

P. Alberione le encontró un sentido muy fecundo y edificador al trabajo. Constató que por medio de él, podía “santificar” la vida y ser ejemplo para los demás. Realizar un camino de perfección se presentó como todo un desafío y más aún, descubrió una sobrevaloración a esa concepción del trabajo, llamándolo: ‘trabajo redentor, trabajo de apostolado y trabajo fatigoso’. San Pablo como buen artesano −fabricador de carpas− conoció esta dimensión redentora, apostólica y fatigosa del trabajo. Mucha razón tuvo al señalar a los Tesalonicenses ‘que el pan hay que ganárselo de lo contrario no se es merecedor de comerlo’ (cf. 2 Tes. 3, 10ss.). Negarse hoy a esa posibilidad y a la instancia de honrar y santificar la vida por medio del trabajo o cotidianeidad, es una consigna paulina que invita a no dejar indiferente ni al más escéptico. Nos lleva a mirar, siempre la rectitud de conciencia en lo que hacemos, sobre todo, en el cómo, en el para qué y el por qué.

“…Volviendo del seminario y atravesando los prados, ya estaba listo el rastrillo para recoger el heno; y él, sin llegar a casa, se quitaba la chaqueta y los zapatos y se unía a sus hermanos hasta la hora de comer… ¿No es éste el camino de la perfección: poner al activo servicio de Dios todas las fuerzas, incluso las físicas? ¿No debe cumplirse, y mayormente por los religiosos, la obligación de ganarse el pan? ¿No es la regla que San Pablo se impuso a sí mismo?” (Abundantes Divitiae, n. 125 y 128).

No debiera extrañarnos encontrar esta concepción del trabajo tan simple, práctica y hasta diría diáfana que tuvo P. Alberione acerca del trabajo y sobre todo del trabajo paulino. Pues, supo lo que significaba ‘el ganarse el pan’ como lo señala muy bien San Pablo y comprobó que no hay nada más gratificante y digno que colaborar en la construcción del reino, con la dimensión creadora de cada persona: su trabajo. El trabajo fue, sin duda, un aspecto esencial en la vida del mismo Jesús y lógicamente, en la de nuestro Beato. Así lo corrobora, su opúsculo titulado: El trabajo en las Familias Paulinas, (1954), y también, El trabajo y la Providencia, preparado por A. Damino (1987).

“Si Jesucristo eligió este camino, ¿no será porque este aspecto era uno de los primeros a restaurar? ¿No es el trabajo un medio para ganar méritos? Si la Familia trabaja, ¿no refleja la vida de Cristo en un aspecto esencial?... Esto explica la abundancia de trabajo introducido en las congregaciones paulinas. Variar de ocupación es ya un descanso. ¡Todos al trabajo!: moral, intelectual, apostólico, espiritual (Abundantes Divitiae, n. 128 y 129).

Fredy Peña T., s.s.p.

lunes, 3 de octubre de 2011

Frases

Album de familia

Primera visita del P. Alberione a la Argentina

Los primeros días de marzo de 1946 registran un acontecimiento sin igual para los Paulinos y Paulinas de Argentina. En uno de sus primeros viajes luego de la guerra, el Primer Maestro visita a sus hijos de América. Llega al aeropuerto militar de Morón a causa del mal tiempo. Lo reciba la comunidad:
De izq.: Rafael Ferrari, P. Anselmo Vico, Cayo Leonino, Justino Zugna, P. Roberto Mozzachiodi, P. Tito Arman (superior y delegado del superior general), P. Angel Cosan, Primer Maestro, P. Edmundo Vanini párroco de Florida quien nos recibiera en 1931, Ramón Zambelli, Pablo Luchino y P. Juan Bartolamasi.

Luego de la Segunda Guerra Mundial el Primer Maestro sintió la necesidad de visitar a sus hijos esparcidos por el mundo.

El primero de sus 24 viaje al extranjero fue para América.

Partió de Nápoles con la nave Andrea Gritti el 28 de diciembre de 1945. Lo acompañaba la M. Tecla Merlo.

La etapas de este viaje fueron: Estados Unidos, Brasil, Argentina, Estados Unidos (Nueva York), Francia. Regresó a Roma el 25 de abril de 1946. M. Tecla Merlo partirá más tarde y regresará con la nave Vulcania en el mes de mayo.

Se conserva el diario que el cronista del tiempo (Pablo M. Luchino) redactó.”El Primer Maestro llegó al aeropuerto de Morón, en Buenos Aires, hacia las 16 horas del día 7 de marzo. Toda la comunidad de Florida, con el P. Tito Armani, superior, estaba esperándolo con gran alegría. Narra el cronista del tiempo: “Nosotros argentinos pensábamos encontrar un viejecito de gran mole y reposado. En su lugar nos encontramos frente a un hombre pequeño, flaco, ágil y desenvuelto. Apenas bajó del avión y antes de descender de la escalerilla nos saludó con una mano levantada y con una amplia sonrisa. Luego de las prácticas de la aduana entró en el pulman, u ómnibus que tomamos en alquiler y escuchó nuestras canciones y alabanzas que cantamos durante todo el trayecto. Recuerdo que en una de estas alabanzas que cantamos a la Virgen escuchó la palabra “madre adorada”. El, que estaba en la primera fila, se dio vuelta y preguntó maravillado y sorprendido: ¿Cómo cantan “madre adorada”? ¿No es un atributo que se da sólo a Dios? Entonces le explicamos que se trataba de una metáfora. En la lengua española se usa la palabra “adorada” cuando se quiere expresar un gran amor. “Si es así- concluyó- continúen a cantar con alegría”.

Se quedó en Argentina hasta el dìa 29 de marzo. En todos estos días que se quedó con nosotros se mostró siempre alegre y desenvuelto. Las frases habituales que nos repetía en las meditaciones o avisos que nos daba eran: “No dejar para mañana lo que se puede hacer hoy”. “El mañana no existe en el vocabulario de los santos: existe el hoy”. Recuerda Pablo Luchino: “Yo entonces era un clérigo y recuerdo que nuestro dormitorio (éramos 3-4 clérigos) que servía de estudio, fue adaptado para el Primer Maestro cono habitación para dormir, también porque tenía los servicios más cerca; mientras que nuestra pieza fue adaptada también como estudio (¡entonces éramos pobres!) y el Primer Maestro vino a menudo a esta pieza-estudio y nos hacía la meditación.

domingo, 2 de octubre de 2011

"Ecos de Alberione" - 6

La misión paulina, sus perspectivas y contrariedades


Muchas iniciativas se dieron en los inicios de la misión paulina. Una de ellas, como la apertura de la primera casa, se dio en medio de problemáticas que junto a la frágil salud de nuestro Beato, acrecentaron las dificultades de materializar cada proyecto. Entre sus variadas ocupaciones y responsabilidades, como: la dirección espiritual a seminaristas y personas en general, dictar clases, los ministerios en la diócesis, etc. P. Alberione no dejó de advertir la presencia de Dios en su vida, la cual iba fortaleciendo sus decisiones, su capacidad de lucha y el deseo de llevar adelante el proyecto paulino que tenía en mente.

“Él entonces consultó: ‘Temo cometer una gran imprudencia reuniendo personas para una misión, con serio peligro de abandonarlas a mitad del camino’. Se le respondió: ‘El Señor piensa y provee mejor que tú, sigue adelante con fe’. Desde entonces ya no tuvo incertidumbres” (Abundantes Divitiae, n. 111).

Sin lugar a dudas, esto significó para él una preocupación más en su itinerario de materializar el proyecto paulino y también, el discernir cuál era la voluntad de Dios en todo esto. De acuerdo a sus escritos, este desasosiego se constituyó por algunos años en un tormento espiritual. Pero, esas preocupaciones no lo amilanaron, ya que la apertura de la primera casa fue toda una realidad (realizada por P. Timoteo Giaccardo y sor Amalia Peyrolo, en enero de 1926, en la Vía Ostiense 75/E).

“Tuvo cierta luz un día en la oración: ‘Tú puedes equivocarte, pero yo no me equivoco. Las vocaciones vienen sólo de mí, no de ti, éste es el signo externo de que estoy con la Familia Paulina” (Abundantes Divitiae, n. 113).

Otra iniciativa de P. Alberione fue trasladarse a Roma para acercarse y vincularse más estrechamente al servicio de la Santa Sede. De este modo, el espíritu, la doctrina y la actividad apostólica eran asimilados desde la fuente, es decir, el papado. Asimismo, su espíritu expansivo nace de ese espíritu católico y del mandato divino: Id, predicad a todas las naciones. Fue impregnado de ese espíritu desde su Confirmación y creció más todavía con su Ordenación.

“Roma es maestra del mundo, tiene, no obstante, las puertas abiertas a la humanidad; de Roma parten los enviados en todas direcciones… Asia y África le atraían particularmente; cuánto más se desprende el hombre de sí mismo, tanto más profunda y ampliamente siente las necesidades de los pobrecillos que no poseen los dones celestiales…” (Abundantes Divitiae, n. 115 y 120).

La cercanía con el obispo de Alba, Mons. Francisco José Re –terciario dominico− y las conferencias a los terciarios, le valieron el nombramiento como director de éstos, experiencia que lo llevó a leer libros y revistas de la Orden. Es en 1916 que pensó en esta idea de incorporar a la Sociedad de San Pablo personas que desearan madurar su vida cristiana, con el cariz paulino (Iniciativa aprobada por el obispo de Alba, el 30 de junio, 1917).

“Iniciada ya la Sociedad de San Pablo, pensó que se necesitaba agregarle una especie de tercera orden… personas que quisieran mejorar su vida cristiana según el espíritu paulino, juntando el apostolado con la oración, las obras y los donativos: ‘Unión Cooperadores del Apostolado de las Ediciones’” (Abundantes Divitiae, n. 122).

Fredy Peña T., s.s.p.

sábado, 24 de septiembre de 2011

"Ecos de Alberione" - 5

Lo universal, litúrgico y pastoral de la misión paulina


Sin lugar a dudas, que la devoción a san Pablo y sus cartas fueron motivo de gran inspiración para nuestro Beato. La carta magna y doctrinal del Apóstol –a los Romanos−, se constituyó en objeto de estudio y meditación. Desde este estudio se sustentan las bases de la espiritualidad y santidad paulina. La reflexión que Alberione hace sobre estos temas y otros como su obra dogmática y moral, la organización de la Iglesia y su celo por todos los pueblos, sirvieron como clave de motivación en el proyecto de la Familia paulina. Fue tan fuerte este influjo, que a san Pablo se le atribuye, en un momento determinado, la curación de su enfermedad que acaeció en 1923.

“Vio en san Pablo verdaderamente al Apóstol…A san Pablo fue consagrada la Familia y se atribuye la curación al Primer Maestro…” (Abundantes Divitiae, n. 64).

Alberione vio en la liturgia un modo de evangelización que si era bien asumido y considerado en alta plusvalía podía impregnar en los corazones de los creyentes una posibilidad real de aterrizar lo celestial a la vida sacramental y a la riqueza de los signos. El leer obras de grandes autores de la época como: Caronti, Schuster, Veneroni, Eisenhofer, y algunas revistas Ephemérides Litúrgicae y la Rivista Liturgica, fueron suficientes para dar clases en esta materia. Asimismo, sus nombramientos como maestro de ceremonias o ceremoniero del Obispo sirvieron para que él gustara cada vez más de la oración de la Iglesia y su liturgia.

“Estos cometidos le hicieron desear tener iglesias apropiadas para unas hermosas celebraciones litúrgicas… En la Familia paulina se tuvo gran consideración el canto gregoriano y la música sacra; pronto se empezó a trabajar en el misalito y después en el boletín litúrgico, La vida en Cristo y en la Iglesia, de las Pías Discípulas, con finalidad litúrgica” (Abundantes Divitiae, n. 73 y 74).

El carácter pastoral del apostolado paulino surge de dos grandes maestros de la época: Krieg y Swóboda. Sin embargo, esta inspiración pastoral de nuestro Beato nació, principalmente, por esa luz y acción de Jesús-Hostia y por los cometidos confiados que él desempeñó con obediencia. Era fuerte, en Alberione, la necesidad de llevar la palabra a todos, predicar, enseñar y bautizar. Fue entonces, cuando pensó en fundar las “Hermanas Pastorcitas”. Además, insistió sobre la enseñanza de la catequesis y la predicación directa con la Biblia, de manera que llegara a toda clase de personas.

“Tuvo diversos contactos y experiencias pastorales. Sentía cada vez con mayor intensidad:’ Id, predicad, enseñad, bautizad’…Se inspiró mucho en dos grandes maestros: Swóboda, Pastoral en las grandes ciudades, y Krieg, Teología pastoral, cuatro volúmenes que leyó y releyó durante años” (Abundantes Divitiae, n. 82 y 84).

Fredy Peña T., s.s.p.

sábado, 17 de septiembre de 2011

"Ecos de Alberione" - 4


Un cariz paulino se fraguó en medio de tanta “agitación”


En medio de una época de gran convulsión social, política, económica y −por qué no decirlo− eclesial como lo fue el siglo XX, Padre Alberione tuvo que bregar bastante para dialogar con la cultura de su tiempo y elaborar una forma de anunciar a Cristo osadamente. En este esfuerzo de animación cristiana de la cultura, había que ser sal y luz. No sólo era la transmisión de un Cristo Resucitado como señalan los evangelios, sino de un Cristo Resucitado que interpelara y se adosara a la cultura, de manera que tuviera cabida en todos los ámbitos de la vida humana.  

“Dar en primer lugar la doctrina que salva. Empapar de evangelio todo el pensamiento y el saber humano. No hablar sólo de religión, sino también de todo cristianamente… algo parecido a una universidad católica, que si es completa debe incluir teología, filosofía, letras, medicina, economía política, ciencias naturales, etc.” (Abundantes Divitiae, n. 87).

Recordemos que en aquella época el modernismo se había expandido fuertemente y había causado gran  turbación y desorientación social, económica y política. Sobre todo, en la literatura, arte, en disciplina eclesiástica, teología, historia, etc. Resultó poderoso su influjo y por ese mismo motivo, en 1907 fue condenado por el Santo Oficio (decreto Lamentábili) y, por Pío X (encíclica Pascendi domínici gregis). Además, el socialismo irrumpía abruptamente con el materialismo y la lucha de clases. Sin embargo, León XIII contrarrestó estas corrientes de pensamiento con sus encíclicas: Rerum Novarum e Humanum genus que también originaron divisiones en el clero y sirvieron de lectura e inspiración a nuestro Beato en la formación de su pensamiento.

La Santa Sede emanaba continuamente documentos invitando a los católicos a ponerse a la altura de los nuevos cometidos. Al tiempo que se advertían muchos espíritus indolentes e inconsiderados, los católicos y el clero conscientes actuaban sagazmente según las directrices papales” (Abundantes Divitiae, n. 55).

Ante tamaños acontecimientos, P. Alberione meditaba frente al Santísimo. Estas experiencias confirmaban más su idea y persuasión de que todo el mensaje cristiano de su Obra no podía dejar de estar en sintonía con el Papa y su romanidad.

“El Papa es el gran faro encendido por Jesús a la humanidad, para todos los siglos. Los primeros miembros emitían un cuarto voto: ‘obediencia al Papa en lo referente al apostolado’, como actitud de servicio al Vicario de Jesucristo” (Abundantes Divitiae, n.57).

Este espíritu social de nuestro Beato no pudo resistirse a estos cambios y comenzó una ardua tarea de iniciativas, que se plasmaron en: conferencias y congresos sociales en que formó parte, cooperación con organizaciones y obras sociales, relaciones con los hombres de la Acción Católica, etc. Su personalidad y santidad e intimidad con Jesús y su visión social de llegar con el mensaje del Evangelio a todos los pueblos fueron los que, en definitiva, estructuraron una forma de pensar el mundo no sólo humanamente, sino también cristianamente.

“Acción y oración orientaron hacia un trabajo social cristiano que tiende a sanear gobiernos, escuelas, leyes, la familia y las relaciones entre las clases y las naciones. Para que Cristo, camino, verdad y vida, reine en el mundo” (Abundantes Divitiae, n. 63).

                                                                                                                                       Fredy Peña T., s.s.p.

domingo, 11 de septiembre de 2011

"Ecos de Alberione" - 3

No siempre el momento está maduro…


P. Alberione siempre procuró una búsqueda constante de vocaciones jóvenes y, en lo posible, que éstos tuvieran una formación sólida no solamente para los estudios eclesiásticos, sino también en distintos ámbitos del conocimiento. De ahí que no descansaba ni aun en sus vacaciones para instruirse y asesorarse en la preparación de los futuros paulinos.

“En ratos libres procuraba acercarse a los superiores para conocer los métodos de captación y formación de las personas. Advirtió entonces la necesidad de dar preferencia a los jóvenes…” (Abundantes Divitiae n. 36).

Deseoso de atraer vocaciones jóvenes con la intención de hacer de ellos auténticos hijos de Dios, se preguntó: ¿Por qué no asociarlos a un apostolado? Apostolado que no exclusivamente debía ser hecho por Sacerdotes, sino también por hermanos laicos entregados desinteresadamente en la construcción del Reino.

“Sacerdote que escribe, hermano que multiplica y difunde con el trabajo técnico… ¡Intimamente asociados en la vida religiosa, sacerdote y hermano, unidos en el mismo apostolado, para prepararse la corona celestial!” (Abundantes Divitiae n. 41).

El constante discernimiento y maduración de sus ideas le iban mostrando a nuestro Beato cómo Dios se hacía presente en cada uno de los acontecimientos. Sobre todo, cuando la visión del hombre se oscurece y se enreda por su fragilidad, defectos, y errores que enturbian su mirada. P. Alberione se dio tiempo en cada decisión y esperó la providencia divina para ver cómo se manifestaba. Prueba de esto fue su iniciativa de elevar oraciones para el funcionamiento de las Hermanas Pastorcitas en 1908, que se materializó sólo después de treinta años.

“Por otra parte, no hay que forzar la mano de Dios; basta vigilar, dejarse guiar, en las distintas obligaciones tratar de involucrar mente, voluntad, corazón, energías físicas…” (Abundantes Divitiae n. 44).

Solía suceder que, en sus momentos de discernimiento, a veces pasaba mucho tiempo antes de tomar una decisión o simplemente “las luces” no venían. Permanecía días en su habitación y luego salía con ideas y sugerencias nuevas para ser concretizadas.

“No siempre el momento estaba maduro, pero el Señor hacía conocer las cosas, dejando a su siervo el trabajo, incluso los errores… para intervenir luego remediando errores y fallos, y obrar en lugar suyo” (Abundantes Divitiae n. 47).

A la luz de estos acontecimientos, el mundo no quedaba indiferente al asesinato de la pareja archiducal de Habsburgo, y de esta manera Austria declaraba la guerra a Serbia, con la consecuente entrada en conflicto de dos bloques opuestos: Alemania y Rusia… lo que desencadenó en la “primera guerra mundial”. Sin embargo, en un pequeño rincón de Italia, un hombre atesoraba un haz de esperanza en medio de un contexto hostil que se avecinaba. Nuestro Beato −P. Alberione− no se amilanó para fijar los fundamentos de la futura Pía Sociedad de San Pablo, que fundó un 20 de agosto de 1914, fiesta de san Bernardo de Claraval y muerte del Papa san Pío X.

Fredy Peña T., s.s.p.

jueves, 8 de septiembre de 2011

FUENTE DE ESPIRITUALIDAD UNIVERSAL


La doble mesa, palabra y eucaristía

El 26 de noviembre, día en que nace al cielo el Padre Santiago Alberione, fundador de la Familia Paulina, recordamos junto a la Iglesia sus pensamientos que son fuente de espiritualidad universal.

El Beato P. Santiago Alberione y, por tanto, según el planteamiento de la espiritualidad paulina y de su pastoral de la comunicación social, la Biblia es el marco y la base de toda oración, de toda reflexión y de toda decisión. En una palabra lo es todo.

Como idea fundamental, el P. Alberione estableció una íntima relación entre el Cristo Verdad presente en la Biblia y el Cristo Vida presente en la Eucaristía. No se puede aislar a Cristo en una de las dos realidades: sería como dar al pueblo un Cristo incompleto. Es la doble mesa que se ofrece para que el hombre crezca de manera armónica.

Esta igualdad de culto que daba este bienaventurado padre a la Palabra y a la Eucaristía fue una intuición revolucionaria en su tiempo: así nace el culto de adoración a la Palabra de Dios, que se expresaba en el hecho de colocarla sobre el altar, junto a la eucaristía. También en todos los locales y casas paulinas, la presencia del Libro Sagrado expuesto en lugar de honor, de precedencia, indicando el centro de toda iniciativa y proyecto.

Eucaristía

Una de las expresiones claves del P. Alberione que encontramos en el libro: Leggete le Sacre Scritture es: “la Biblia es como la Eucaristía...”, por lo tanto habla de una igualdad de culto.

Y cuando se refiere a la celebración eucarística, la define como “la Pascua diaria”, el centro de donde dimana toda fuerza, gracia, en sintonía como dirá años más tarde en Concilio Vaticano II, en la Sacrosanctum Concilium, que la eucaristía es “centro de la comunidad, forma de la vida del creyente y fuente y cumbre de toda actividad evangelizadora”. Forma del creyente, porque la eucaristía remite al Cristo total con toda la fuerza de su espíritu, y el creyente vuelve a Dios siguiendo el camino pascual de Cristo: sufrimiento, muerte y resurrección. Fuente y cumbre de toda evangelización, porque la Eucaristía está al comienzo de todo camino hacia Dios, y como fruto gratuito de ésta, la actividad evangelizadora, que conduce hacia la celebración sin fin, hacia la pascua eterna.

Espíritu alberoniano

Entonces, el “gran amor” que este gran Fundador trató de inculcar a cada miembro de la Familia Paulina, en especial a las hermanas Discípulas del Divino Maestro, fue la Eucaristía, por eso decía: “alimento del espíritu es la Palabra y es la Eucaristía. ¿Por qué y cómo alimentan el espíritu? Dándonos a Jesucristo. Y ¿cuál es este alimento? Es el camino, la verdad y la vida. Alimento para la fe, para la voluntad y para la virtud, alimento de vida y de gracia. El don de la misa y la comunión conducen realmente al ‘es Cristo quien vive en mí’” (Ipsum Audite 6,75,95).

Palabra

Esta comunión común con el Cristo la alcanzamos a través del contacto con la Palabra o escuchando su mensaje. Haciendo un recorrido bíblico, hay algunos textos que nos interpelan y hablan al corazón. Por ejemplo, el día del Bautismo del Señor, en que se escuchó la voz del Padre, que dijo: “Éste es mi Hijo muy querido en quien tengo puesta toda mi predilección, escúchenlo”. Quienes se dejan llevar por esta amorosa invitación y tener el coraje de la experiencia de transformación, llegan a profesar su adhesión al Maestro como Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Sólo tú tienes palabras de vida eterna”. Entonces él es el Maestro de palabras de vida eterna que es reconocido entre tantas voces. Su voz es la “Voz”, la “Palabra”, él mismo dice: “Yo soy el Buen Pastor, ellas oirán mi voz y así habrá un solo rebaño y un solo Pastor”.

Entonces esta invitación del Padre a escuchar al Hijo, que tiene palabras de vida eterna, tiene el mismo sentido de vida y eternidad cuando Jesús dice: “Yo soy el Pan vivo bajado del cielo, si uno come de este pan, vivirá eternamente” (Jn 6,51). O la otra cita bíblica que dice: “Yo soy el pan de la vida, quien viene a mí no tendrá más hambre y quien cree en mí no tendrá más sed” (Jn 6,35).

Palabra y Eucaristía, doble mesa de una misma realidad, Cristo Maestro y Pastor, Camino, Verdad y Vida, que se ofrece para la salvación de la humanidad.

Esta realidad salvífica, revelada y vivida por todos los que creyeron en Cristo a lo largo de los siglos, hoy sigue siendo tan real como ayer, y lo será aún más tangible en el reino escatológico.

Y… ¿a qué viene esta reflexión bíblico-litúrgica? Y es justamente para poner en evidencia una vez más que la Palabra y la Eucaristía son fuentes vitales de donde se nutre el Espíritu que anima con dinamismo pneumatológico todo el ser y el quehacer del creyente.

Evidenciar entonces esta realidad significa hacer una anamnesis y que Palabra y Eucaristía siempre van juntas. Ya el Padre Alberione en su tiempo reaccionó contra el moralismo imperante ante la falta de contacto con la Palabra de Dios y, por lo tanto, contra la ausencia de una auténtica evangelización, tratando de llevar nuevamente la predicación con los medios de comunicación social a las fuentes genuinas y puras de la espiritualidad cristianas: la Sagrada Escritura y la Liturgia.

Esta herencia alberoniana tanto para la Familia paulina como para la Iglesia toda, no nos deja indiferentes cuando miramos a nuestro mundo con los ojos de San Pablo: nos debemos a todos o todas las culturas y razas (Cfr. Rom 1, 14), nos debemos como páginas bíblicas vivientes y como hostias vivas, santas y agradables a Dios, nos debemos a cada desafío y reto que la sociedad de hoy nos exige, con gestos de justicia, lealtad, solidaridad, servicio, que nacen de la animación interior del espíritu paulino, es decir, asociados íntimamente a Pablo en su experiencia del “ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”.

Exhortados a proclamar la alegría pascual y a ser mensajeros del anuncio de la Buena Nueva, para que nunca más nadie tenga hambre del Pan de Vida eterna y que todos sean sabios en la practica asidua en la escucha de las palabras de Jesús y practicarlas.

El Padre Alberione fue fiel hijo de María Maestra y Reina de los Apóstoles, y enseño a acogernos a ella para que guiados por su ejemplo de fidelidad y apóstol incansable de su Hijo Jesucristo realicemos en nuestra vida aquella tierna invitación maternal: “Hagan todo lo que él les diga”.

Lic. María Cristina Aguirre
Lic. Sagrada Liturgia
christyaguirre@yahoo.com.ar

domingo, 4 de septiembre de 2011

Beato Santiago Alberione

Discípulo misionero en la cultura actual
Vida, iconos y encuentros

Teresa Groselj, fsp





La vida del Beato Santiago Alberione, contada en íconos realizados por Teresa Groselj, fsp
Para ver todo el libro HAGA CLICK AQUI


sábado, 3 de septiembre de 2011

"Ecos de Alberione" - 2

Hacia una riqueza fundacional…



Una riqueza que… P. Alberione plasmó en una historia donde fue posible transmitir una experiencia de Dios, asumida y testimoniada desde lo más profundo de su ser. No se trataba de una simple doctrina, clase o discurso para comunicar, sino de una serie de “vivencias sagradas”, que evidenciaron una fuerte presencia del Espíritu y que en el ámbito de la Teología se denomina: “carisma del Fundador”. En Abundantes Divitiae, nuestro fundador se dejó inspirar por el ejemplo de Pablo en sus cartas, tal vez, no en su estilo, pero sí, en el espíritu (cf. 2 Corintios 13, 3-4).

“El modelo preferido por P. Alberione es quizás el de san Pablo… Encontramos la misma humildad del convertido, el mismo reconocimiento a Cristo por haberlo substraído de las tinieblas y haber hecho de él un instrumento de su luz” (Abundantes Divitiae, p. 16).

Una riqueza que… en su deseo de comunicar a otros esta experiencia sólo se explica en su afán de dar lo mejor de sí mismo, es decir, lo que Dios ha realizado en él y por medio suyo en favor de sus más cercanos: la Familia paulina. No es un dato menor el uso recurrente, en Abundantes Divitiae, de los términos: “gracia”, “sobrenatural”, “santidad” y “misión”; pues denotan una constante intención de ir desde lo más bajo hasta lo más alto, de lo terreno hasta lo celestial, de lo humano a lo divino, de no malograr la vida en cosas superfluas que en vez de hacernos más humanos, nos deshumanizan e impiden una santidad de vida.

“La primera preocupación de la Familia Paulina será la santidad de la vida, la segunda la santidad de la doctrina” (Abundantes Divitiae, n. 90).

Una riqueza que… desde esta santidad de vida, P. Alberione descubrió un tesoro antropológico, que sintetizó en la tríada “mente, voluntad y corazón”. Es decir, todo el hombre es para Dios y para el mundo. Pero este “tesoro” no quedó ensimismado para sí, sino que se “donó” en el propio anuncio del evangelio.

“Todo el hombre en Cristo, para un total amor a Dios: inteligencia, voluntad, corazón y fuerzas físicas” (Abundantes Divitiae, n. 100).

Una riqueza que… es principalmente teológica y ascética, es decir, busca apropiarse de todo el Cristo, de manera integral, en la “devoción” y en el método “camino, verdad y vida”. Un “camino” recorrido por los senderos de la fe; una “verdad” anunciada y una “vida” hecha testimonio por P. Alberione a modo y ejemplo del mismo Jesús.

“La Familia paulina aspira a vivir integralmente el evangelio de Jesucristo, camino, verdad y vida, en el espíritu de san Pablo” (Abundantes Divitiae, n. 93).

Fredy Peña T., s.s.p.